Y aquí llegamos a la pregunta que todos en Toscana formulan discretamente y que yo, por deformidad profesional, formularé sin discreción alguna:

«¿Por qué Ruggiero della Rovere no se ha coronado?»

Ruggiero es chiquillo de Abyssalis, Custodio de Siena y una de las figuras más antiguas vinculadas de manera directa a la administración del Feudo Negro. No es un joven colocado junto a una puerta mientras los verdaderos señores discuten en otra sala. Lleva siglos tratando con nobles, casas religiosas, mercaderes, cortes Cainitas y dominios de Italia central.

Tampoco necesita Siena para fingir que posee poder. Ha construido autoridad, vasallajes y dominios propios fuera del Feudo. Desde la desaparición de Abyssalis es, además, quien ha impedido que Domus Atra se despedace mientras todos discuten qué significa exactamente una Corona sin cabeza debajo.

Si esto fuese únicamente una cuestión de capacidad, probablemente no habría torneo.

Si fuese únicamente una cuestión de sangre, quizá tampoco.

Pero Ruggiero no tomó la Corona.

Conservó las llaves. Mantuvo los caminos que aún podían mantenerse. Recibió emisarios. Ordenó a los servidores. Hizo cumplir la hospitalidad. Reconoció deudas cuando consideró legítimo hacerlo y aplazó otras cuando no existía autoridad suficiente para decidirlas. En otras palabras: actuó como un hombre encargado de gobernar sin aceptar todavía ser llamado Señor.

He escuchado varias explicaciones.

La primera sostiene que Ruggiero es demasiado respetuoso de las antiguas leyes del Feudo para reclamar aquello que no le ha sido entregado de forma legítima.

La segunda asegura que es demasiado inteligente para colocar una Corona sobre su cabeza mientras toda Toscana observa quién será el primero en discutir su derecho.

La tercera, favorita de sus enemigos, dice que Mors Atra no es más que una forma elaborada de conseguir que otros Cainitas reconozcan públicamente que Ruggiero ya gobierna, de modo que la Corona termine pareciendo una conclusión y no una usurpación.

Y la última, más prosaica, dice simplemente que sus dominios en el centro de Italia traen más beneficios que el Feudo Negro, y Ruggiero solo quiere asegurarse de tener una relación provechosa con el próximo Señor.

No sé cuál es correcta. Es posible que ninguna. También es posible que Ruggiero haya cultivado cuidadosamente todas ellas porque un gobernante competente entiende que una duda bien colocada puede defender mejor una puerta que veinte hombres armados.

Lo que sí sabemos es que no ha cerrado el Feudo. No ha ordenado una purga de pretendientes. No ha reclamado la sucesión por la fuerza. Ha hecho algo mucho más peligroso.

Ha invitado a otros a demostrar que pueden merecerla.