Nobleza Nocturna

La Noche nos pertenece. Existimos bajo nuestras propias reglas, seguros del dominio del tiempo que existe desde el anochecer hasta el alba.

En las ciudades, los vivos se dirigen a casa o a las tabernas y burdeles para refugiarse de la oscuridad y olvidar sus temores con la bebida, dejando las calles vacías y silenciosas. Incluso los nobles se abstienen de salir a la fría noche; permitiendo a los Cainitas tener las ciudades a su disposición. En los castillos y palacios reales, los cainitas se reúnen y celebran sus cortes de sangre una vez que los dignatarios mortales se han ido a dormir.

Los Príncipes y Señores sólo se interesan por los reyes y reinas mortales cuando implica a sus planes o supervivencia inmediata. Después de todo, un monarca vivo no reina más de unas pocas décadas, haciéndole casi insignificante a ojos de príncipes Cainitas que han existido durante siglos. Los mortales (el ganado, según el término despectivo de los Cainitas) habitan en el mundo diurno y los vampiros en el nocturno, y rara vez chocan los dos. Rara vez, pero no nunca. Cuando lo hacen, los resultados suelen ser violentos y catastróficos, inundando las calles con sangre y llenando el cielo de cenizas.

Hay que tener en cuenta que los Cainitas no controlan a los mortales más que lo que un lobo controla a un rebaño de ciervos. Los mundos de los Cainitas y Ganado existen en dos niveles separados, pero ambos reaccionan y son influidos por el otro.

La nobleza Cainita está repleta de rangos y títulos. Algunos ceremoniales, otros unidos directamente a la posición de un vampiro. A diferencia de la nobleza mortal, el género no divide a los Cainitas.

Lextalionis Feudal

es el corazón de la sociedad cainita y lo que motiva la Guerra de los Príncipes. El sistema está estrechamente unido a las enseñanzas del Camino de los Reyes, cuyos miembros se preocupan por la adecuada distribución de la autoridad.

Vasallaje

Desde los caballeros hasta los monarcas, el vasallaje está representado por juramentos y votos que apuntalan las cortes como lazos sociales e instituciones de gobierno. Cuandoquiera que un Cainita reconozca a otro como su superior, está prometiendo su vasallaje a cambio de protección y apoyo. Al jurar vasallaje, el vasallo, ya sea caballero, príncipe o señor, ofrece apoyo y lealtad a su señor, tanto militar como político. El vasallo también jura no atacar nunca a su señor.

Ordalías

O juicio de Dios, no es más que un método simple para determinar a inocencia o culpabilidad de alguien. El Príncipe o Señor puede ordenar una ordalía y permitir al Cainita demostrar su inocencia por medio de un desafío, según el tipo de falta de la cuál se le acusa. Aunque muchas de estas pruebas están pensadas para más para servir de diversión al Príncipe y a la corte reunida que para ser justo con el Cainita juzgado. Las Ordalías más comunes incluyen el juicio por combate, la ordalía del fuego, la prueba de la Bestia, y la luz purificadora. Aunque siempre pueden haber otro tipo de pruebas según la ocasión, interés o imaginación de la corte misma.

Cazas de sangre

Son a la vez frecuentes y violentas, una sentencia de muerte de las que pocos Cainitas escapan. El Príncipe debe anunciar formalmente la caza de sangre, permitiendo al acusado una oportunidad de escapar de la ciudad, fuego o territorio antes de la media noche. Una vez que se proclama la caza de sangre, cualquier vampiro es libre de cazar y destruir al delincuente Cainita, aunque suele ser el alguacil y sus ayudantes quienes dirigen la caza. Algunas veces, incluso el Príncipe puede ofrecer una recompensa a aquel que destruya al vástago renegado, como el dominio del vampiro cazado o algún otro favor que pueda desatar una turba homicida sedienta de sangre. Tradicionalmente, sólo se proclama una caza de sangre en casos extremos.

Marca de Fuego

Los Cainitas pueden resistir fácilmente casi todas las heridas físicas, pero las quemaduras no. Por consiguiente, aquellos que cometen infracciones menores suelen ser marcados, haciendo que sus crímenes sean visibles para todos.

Exilio

Algunos crímenes no son tan graves como para merecer caza de sangre, pero sí lo bastante serios como desterrar al Cainita. Considerados Autarkis, estos Cainitas son marcados y luego expulsados del dominio. La suerte de estos infortunados rara vez es benigna. Sin derechos o la protección de un Príncipe o Señor, muchos son cazados. Aquellos que escapan a otras ciudades suelen ser rechazados y dejados para que se las arreglen por su cuenta en las tierras salvajes. Pocos forajidos sobreviven durante mucho tiempo, pero algunos forman bandas de bandidos y forajidos. En círculos Cainitas, a estos forajidos se les llama Furores.