— Entonces, ¿qué somos sin modales y sin nada que nos ate a una historia común? ¡Nada! …simples bestias. —
La sociedad de la Noche
Recordad entonces, mis chiquillos, que gran parte de la Autoridad de un Príncipe proviene de nuestras Tradiciones, de Caín mismo. Algunos les llamarán "Las Antiguas Costumbres" el "Viejo Camino". Estas son y deben seguir siendo el código de conducta que guíe nuestra estirpe.
Nuestras Tradiciones
Estas viejas costumbres son lo que nos mantienen fuertes, apuntalan nuestro camino entre mortales y es el único pacto social que conocemos como demonios de la noche. ¡Cualquier Cainita lo reconocería! De no ser así dudad, dudad un segundo antes de arrancar el corazón de su cuerpo frío, pues los Vástagos que no conocen de costumbres ni tradición, no son más que vástagos impíos.
Los Cainitas tienen un estricto sentido de la tradición, motivados por el miedo al castigo divino. Las Antiguas Costumbres son los restos del gobierno de Caín en Enoch, la primera ciudad, así que han de ser respetadas, pero no siempre seguidas con igual sentido de lo estricto.
Nuestras Antiguas Costumbres forman parte del convenio en el cual se basan todos los príncipes y señores feudales para legitimar sus pretensiones y derechos ante los Cainitas. Son parte esencial de la educación de nuestros chiquillos. Muchos ancianos no han de considerar a un chiquillos como vampiro hasta que su Sire le recite las Seis Tradiciones, sellando así el pacto con Caín.
Tradición Primera: El Legado
Vuestra sangre hace de vosotros mi prole, creados a mi imagen y semejanza. Mi maldición, la vuestra, mi salvación, la vuestra. Presente ante vosotros y sobre vosotros como dios-regente. Yo soy el camino, mis tradiciones, vuestro legado. Renunciad a mí y renunciaréis a toda esperanza.
— Así habló Caín.
Al atenerse a las tradiciones, los Cainitas confirman su fe en Caín y sus naturalezas condenadas, para bien o para mal. De igual modo, los Príncipes y Señores recurren a la Primera Tradición para legitimar su gobierno. Como los reyes mortales que reinan gracias a la investidura divina, los príncipes citan la Primera Tradición, y el legado de Caín, como prueba de su mandado para reinar tal como Caín esta "presente ante y sobre" todos los Cainitas.
Tradición Segunda: Dominio
Así como yo soy el Señor de Nod, así vuestro dominio es vuestra responsabilidad. Vosotros sois su señor, y todos respetarán esto o sufrirán mi cólera. Todos se presentarán cuando entren en él, y por vuestra parte vosotros los protegeréis. Por derecho, se os permite cazar dentro de los límites de vuestro dominio, su sangre la vuestra propia. Aceptad sus responsabilidades, cuidad de vuestro dominio y mostrad a otros el mismo respeto que vosotros esperáis.
— Así habló Caín.
Durante los últimos 200 años Cainitas de toda condición y clan han estado luchando desesperadamente por dominios cada vez más reducidos, alcanzando un frenesí asesino en las últimas pocas décadas. El dominio, significa más que influencia y protección, pues otorga derechos exclusivos de alimentación dentro de sus fronteras. Un cainita nunca pasará sin sangre en tanto que posea un dominio, sin importar su tamaño, y pueda protegerlo manteniendo a otros Cainitas fuera de él. La posesión de un Dominio también conlleva responsabilidades de hospitalidad y proveer seguridad a aquellos Cainitas que transiten por él. Así como estos, deben respeto y presentarse ante el Príncipe o Señor de Dominio. De no hacerlo, han de afrontar estrictas sanciones según el crimen, siendo este juzgado por el señor del dominio. Algunos señores Cainitas, tal como sus contraparte mortales, esperan que sus vasallos les provean con diezmos de sangre y víctimas a cambio de su "protección" real o concesiones de dominio.
Tradición Tercera: Progenie
Solo serás Sire de otros con el permiso y bendición de tu antiguo. La creación es la providencia de aquellos más próximos a mí, pues ellos rendirán cuentas. Incumple eso, y tú y tu progenie seréis exterminados.
— Así habló Caín.
De acuerdo con la tercera tradición, sólo el vampiro más antiguo puede conceder permiso para crear un chiquillo. No obstante, durante tanto tiempo como pueden recordar la mayoría de los Cainitas, los príncipes han poseído el privilegio de la Tercera Tradición. La razón es simple: controlar y limitar la población Cainita en sus dominios. Esto responde a la necesidad de proveer sangre, territorios de caza y por supuesto, limitar la capacidad de sus rivales de amasar legiones de vampiros recién creados como tropas de choque. El príncipe también puede prometer el permiso bajo la Tercera Tradición como un regalo para obtener los favores de otro Cainita, o como recompensa por leales servicios. Aquellos que abrazan sin permiso sufren la destrucción de su chiquillo, y si la transgresión es lo suficientemente grave, la suya propia. Pocos Príncipes vacilan sobre este punto.
Tradición Cuarta: Rendición de cuentas
Aquellos que vosotros creáis son de vuestra propia sangre hasta que sean liberados de vuestra custodia. Hasta ese momento, su sangre y sus castigos serán vuestros.
— Así habló Caín.
Un Príncipe nunca concede a la ligera el derecho de creación. Una vez otorgado, el sire se hace el único responsable de las acciones de su chiquillo. Esta tradición previene a todos los Cainitas que elijan sabiamente a su progenie. La Cuarta Tradición requiere que el Sire eduque y proteja a su chiquillo, de no hacerlo, su castigo será pagar por las indiscreciones y crímenes de su vástago. Temerosos de las consecuencias, algunos Sires fuerzan a sus vástagos a hacer repetidos juramentos de sangre, mismos que implican beber repetidamente la sangre del sire, haciendo al chiquillo un esclavo atado sobrenaturalmente, garantizando su lealtad. Esta costumbre implica la presentación del Chiquillo ante el Príncipe para su aprobación. El Príncipe ha de decidir si el chiquillo es digno de unirse a las filas de los cainitas o debe ser destruido. Muchos príncipes utilizan esta costumbre para mantener a raya a sus vasallos; ofreciendo el derecho al Abrazo, para luego destruir al chiquillo con la justificación de una tutela inapropiada.
Tradición Quinta: Destrucción
Tenéis vedado derramar la sangre de otro de vuestra raza que sea más antiguo. Este derecho pertenece solo a los más próximos a mí y a ningún otro. Está vedado a aquellos de sangre más débil alzarse contra sus antiguos. Este es mi último legado.
— Así habló Caín.
El derecho a destruir a otro Cainita es la Piedra Angular definitiva de la autoridad del Príncipe. Ya que no solo puede decidir crear libremente y ejercer dominio, también puede decidir quién debe hallar la Muerte Definitiva. El Príncipe puede usar la Quinta Tradición para castigar cualquier crimen, no importa cuán trivial o menor sea, bajo Lextalionis "Aquellos que rompen la ley de un Príncipe, son exterminados". A los cainitas de alto rango, como el mariscal o el alguacil, se les suele otorgar carta de privilegio para impartir justicia e imponer la autoridad del Príncipe. Algunos príncipes pueden actuar con cautela al momento de castigar a los vasallos de otro señor, y enviarlos de regreso esperando que sean castigados. Si el acusado no es castigado luego, esto puede ser motivo de guerra.
Tradición Sexta: Silencio de la Sangre
Nunca revelaréis vuestra verdadera naturaleza a los que no sean de la Sangre. Al hacerlo, renunciáis a vuestros derechos sobre mi legado.
— Así habló Caín.
Los Cainitas pueden ser cazadores supremos, pero ser descuidados y alertar a los mortales sobre su auténtica naturaleza nunca promete nada bueno. Si los humanos llegaran a comprender las debilidades y costumbres de la raza de Caín, una gran purga se haría posible. La Sexta Tradición es cumplida por los Príncipes en diversas medidas, según el tamaño de la ciudad, el tipo de población o la geografía que las rodea.