La sangre une con su lazo a todos los Cainitas. Fue la sangre de Abel la que maldijo a Caín, y en consecuencia, es la sangre de Caín la que fluye ahora por las venas muertas de todos los vampiros. Esta sangre impía, que los vampiros llaman vitae, es la que alimenta la existencia del Cainita…

Mientras que la Bestia los condena, y la Maldición de Caín los atormenta, la sangre nos define como raza.
– La Primicia de la Sangre

El Feudo Negro, Siena Italia.

Cuando Roma cayó, tres noches de oscuridad cubrieron las colinas de Siena.

Los hombres dijeron que era humo de guerra.

Los monjes dijeron que era castigo divino.

Los Cainitas supieron que algo bajo la tierra había abierto los ojos.

Lasombra descendió a una cripta sin lámparas y encontró allí una corona sobre un cráneo.

Al tomarla, su sombra no lo siguió: se arrodilló ante él.

El Feudo Negro nació…

Umbra sumus quae in chao dominatur. Morte Ascendo.

El Feudo Negro, nunca fue un simple dominio, si no algo inevitable, un espejismo del abismo nocturno, y ahora, está resquebrajado…

Domus Atra V-VIII

Lo que antes fue una tierra libre y sin dueño sé transformó con el pasar de las noches en una sombra ominosa. En su basamento pueden aún encontrarse restos de la necrópolis etrusca que ha sido absorbida por la tierra. Nuestro primer Señor del Feudo no llegó por sangre y hierro, sino algo más puro, una revelación palpitante que lo guió hasta el corazón, hacia la raíz oscura. Ahí donde se encuentran las posibilidades infinitas, donde las sombras se comportan como agua. Allí los juramentos pronunciados no se olvidaban. Quienes osan traicionar el dominio, ahora sueñan con la corona, pesada e infinita y oscura.

Roma ha muerto. Ha caído el Imperio. Pero Atra sobrevive. Coronada.

Roma mortua est. Imperium cecidit. Sed Atra superest. Coronata.

Nuestro hogar fundado en el S. V por Dominus Ater Abyssalis, Domus Atra fue parte de los fragmentos que aún se resquebrajaban de lo que alguna vez fue el Imperio Romano de Occidente. Abyssalis enraizó conocimiento y sangre en estas tierras para evitar su destrucción. Algunos dicen de él que vio surgir y caer Roma, Alejandría y Egipto, algunos dicen que era Antiguo, otros que era un Matusalén cuando aún la colina era tan solo un guijarro. Lo cierto es que, aún hoy en algún piso de los cuartos más viejos y ensombrecidos, se pueden apreciar lo que Abyssalis llevó a Domus Atra “Todo Imperio cae, pero la sombra permanece”. "Omne imperium cadit, sed umbra manet."

La relación entre nuestra tierra y el abismo es tan profunda, que ningún Príncipe ha tenido por dudar de nuestro legítimo derecho.

Tapiz del Feudo Negro — Domus Atra

La Casa bajo la Colina — siglo IX al XI

Con el auge de linajes lombardos, obispos, familias nobles y señoríos locales, aprendimos a gobernar como un dominio de manos llenas, el Feudo tuvo que reforzar sus líneas, sus políticas. No bastó con custodiar la cripta: ahora hay que controlar caminos, monasterios, notarías, matrimonios, juramentos de vasallaje y casas menores. Nuestra fuerza debía sentirse, escucharse más allá del mar.

Crecimos en filas de vástagos y mortales, nuestro dominio se extendió más allá de los bosques y ríos, fuimos absorbidos por las modas mortales, con administradores, viudas nobles, escribanos, capitanes, clérigos corruptos, jueces y segundones familiares. Te ví crecer entre rocas y tosferina, te vi montar y caer una y otra vez, te vi morir por y para la espada. Hoy nuestro porte y moto. Te vi cruzar ríos de oro y esquivar cálices envenenados, te miré crecer entre polvo y desprecio. Hoy tu sangre es mi sangre. Y tu voz, mi voz.

Umbra sumus quae in chao dominatur. Morto Ascendo.

Tapiz de la Casa bajo la Colina

La Trinidad De Siena — siglo XII al XIII

Mis hijos.

Ya no basta con nuestras sombras custodiando criptas, caminos, monasterios y juramentos. Hemos sobrevivido a Roma, a los reyes bárbaros, a los obispos hambrientos, a las casas lombardas y a la fiebre de los mortales por nombrar dueño a todo aquello que temen perder.

Nuestra responsabilidad va más allá de mis puertas, cruza mares, voluntades y la fe. La sangre llama, pero también se pudre. La sangre une, pero también reclama. La sangre funda linajes, pero no siempre sostiene coronas. Hemos de ser la ley verdadera: aquello que manda, aquello que hiere y aquello que permanece cuando todo lo demás ha muerto.

Sangre de mi Sangre. Mi Voluntad y Mi mano.

La Corona.

La Espada.

La Calavera.

Tres símbolos. Tres votos. Tres condenas atados a un mismo abismo.

La Corona fue el derecho del Feudo a gobernar sin pedir perdón a los vivos ni permiso a los muertos. Nunca fue un premio, ni una joya para la vanidad de un señor. El peso y el deber que se nos ha confiado.

Corona non est gloria.

La Espada nuestra voluntad incluso contra el amor, la piedad o la memoria. No toda espada desea trono. No toda espada sabe obedecer. Nuestra filo se alza sin hambre de corona, devoción sin dulzura, violencia convertida en custodia perpetua.

Gladius non regnat.

Nuestra Calavera es nuestra condena, nos recuerda lo que queda cuando hemos sido despojados del orgullo, la carne y la mentira. Nos recuerda que ningún señor posee realmente el dominio. Solo lo cargamos una noche más…

Mors non finit dominium. Mors probat heredem.

Ningún juramento pronunciado en el Fuedo Negro ha de ser tomado a juego. Todo vasallo juraba ante la Corona, la Espada y la Calavera. Para los Mortales, los blasones feudales no eran distintos, para los de nuestra especie, les recuerda que la traición al juramento se paga. Y aquellos que han de pagar sueñan con la corona.

Y en esos sueños, la corona pesaba tanto que partía el cuello…

Durante aquellas noches, el Señor del Feudo buscó entre la Cristiandad las piezas que pudieran sostener su doctrina y el peso de su responsabilidad. No buscó santos. No buscó héroes. No buscó amantes de la gloria. Buscó criaturas capaces de permanecer cuando todo lo humano se hubiera quebrado.

Primero halló a la Espada.

Después halló a la Calavera.

Y sobre ambos permaneció la Corona.

Tapiz de la Trinidad de Siena